Batallas de gallos: algo más que insultos

Las competiciones de freestyle, comúnmente denominadas batallas de gallos, son un espectáculo donde dos contendientes pugnan entre sí en una pelea dialéctica. El medio para batallar es el rap sobre una base musical. Ambos participantes intentan humillar al contrincante mediante rimas improvisadas en un tiempo determinado. No hay golpes reales pero sí punchlines, cuanto más ingeniosos e inesperados, mejor será su efecto aunque no solo es importante el qué sino el cómo. Los recursos métricos están a la orden del día y dan un resultado estético muy vistoso. El flow -capacidad de hilar frases de manera fluída- es muy valorado ya que no parecer que se está siendo una improvisación implica sonar mucho más convincente. Por último, también es muy importante la puesta en escena. La conexión con el público es esencial. El gallo que mejor combine estos aspectos suele ser el vencedor.

Hay diferentes formatos de batallas. El más clásico consiste en repartir turnos de un minuto entre los participantes para que rapeen intentando atacar al rival de la mejor manera posible. Esta forma de batallar puede verse alterada con la inclusión de una temática específica o estipular unas palabras que de forma obligatoria deben figurar en las rimas. El otro formato,  son las batallas a patrones -un patrón corresponde a 8 sonidos de caja en una instrumental-. Según la modalidad cada 4 o 8 patrones se cambia el turno. Este hecho hace que los dos contendientes tengan que ingeniárselas para dar respuestas al momento y atacar en muy poco tiempo y en un espacio temporal muy limitado. Sin lugar a dudas requiere una habilidad y una gran agilidad mental y los resultados son batallas vibrantes y muy dinámicas

Lenguaje en las batallas

Muchas veces se ha estigmatizado a este tipo de espectáculo -con toda la razón del mundo- por su lenguaje machista y homófobo. Es una obviedad que esto es así. Del sistema económico actual subyace el patriarcado y todo lo quiebre mínimamente la masculinidad del hombre es utilizado como insulto, como humillación. Otra prueba de ello es que fundamentalmente los participantes son varones. Al público le salpica la testosterona que los artistas parecen derrochar.  Las mujeres, aunque participen, siempre acaban degradadas a un segundo plano. De hecho, no existe ninguna chica entre las grandes figuras del freestyle en habla hispana.

Para entender esto, la cultura Hip-Hop y todo lo que engloba tiene un origen fundamentalmente obrero. Las personas que participan han crecido con las discriminaciones como algo cotidiano y normalizado por la sociedad. Es una consecuencia totalmente previsible y normal que rapeen en estos términos. Con ello no intento expresar que esté bien y no se deba señalar si es el caso. Simplemente que el contexto donde se desarrollan los acontecimientos es muy importante. El problema en este caso es estructural.

Arkano, una figura diferente

Si hay un gallo luchando para que el freestyle cambie de deriva, sin duda es Arkano. El alicantino,campeón internacional en 2015 y tercero en 2016, posee el Record Guinnees de mayor tiempo improvisando. El joven de 22 años años se pasó 24 horas seguidas rapeando. Debió de acabar con las cuerdas más rotas que la voz de Joaquín Sabina.

Arkano no ataca con rimas homófobas, no es famoso por insultar más fuerte o utilizar el humor negro para la consecución de sus victorias. Es habitual verlo reclamando los derechos de la comunidad LGTBI+, como en la Final Nacional de la Red Bull Batalla de los Gallos de 2014. Intenta dotar sus rimas de contenido con reclamaciones políticas, recursos poéticos y mensajes diferentes a los que se suelen dar en este tipo de competiciones. En definitiva, busca abrir camino entre las zarzas de una cultura contaminada por factores externos. Es consciente de que como artista tiene una responsabilidad con quien le escucha. Una persona cuando se sube a un escenario es, a fin de cuentas, un altavoz enorme. Y, por lo que parece, Arkano no está dispuesto a fomentar situaciones de opresión de manera consciente. En una entrevista para 20 minutos declara: “he recibido un montón de mensajes insultándome. En general, el rap es muy machista y muy homófobo”

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Arkano alzando, en el año 2014, su segundo título estatal portando una bandera LGTBI+. Fuente: smootharkano.com

Ninguna expresión artística tiene unas cualidades asociadas de manera intrínseca. El reggaeton no es machista , el trap no solo habla de drogarse a la luz de la noche. La poesía no se reduce a la perpetuidad del amor romántico. No todo se reduce a Maluma, Kinder Malo y Defreds. Las generalidades en estos casos son muy peligrosas y hay que luchar contra ellas.

El caso de las batallas escritas.

Hay otra modalidad, con eventos de mucha relevancia sobretodo en Latinoamérica, que se basa en hacer batallas con textos ya escritos anteriormente. Los turnos de palabra son más largos y los contendientes rapean de memoria . Hay detractores de esta modalidad porque se pierde la espontaneidad y no se improvisa pero también es cierto que se puede hacer un espectáculo de gran calidad aprovechando el factor de la preparación previa.

Aunque también se intenta humillar al rival de la misma forma que en las demás tipos de batalla, es habitual encontrar más mensajes asociados a reclamaciones de índole social . Los participantes entienden que se debe ofrecer un espectáculo distinto al cambiar las normas y aprovecharlo a su favor. Hay minutos de mujeres denunciando su situación de opresión, reclamaciones contra el sistema educativo o versos llenos de rabia hablando de la situación del país donde vive el gallo en cuestión como hace RC en su batalla contra Papo.

Sin lugar a dudas, la batalla escrita más famosa es la que protagonizaron en 2014 el barcelonés Blon y el mexicano Plof. En ella se encuentra la, para muchos, mejor ronda en una batalla escrita jamás hecha. Se titula “dentro de los libros” y tiene ni más ni menos que referencia a 69 libros mientras ataca a su rival de forma bastante fuerte. Es una demostración de que el insulto fácil no tiene por qué figurar siempre como protagonista.

El ser humano tiene como objetivo pendiente aprender a ver los matices. El mundo es Cubo de Rubick irresoluble porque las caras no tienen colores uniformes. Mezcladas dan el color gris. No existe ni el blanco ni el negro en la mezcla de hidrógeno, nitrógeno y argón que alimenta los actos de la masa que forma al ser humano. Nuestra mirada no debe ser reducionista, sino que se debe abrir como lo hace el bosque ante la circulación de los animales.

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