Bojack Horseman: caballo de Troya

Bojack Horseman es una serie de animación producida por Netflix  estrenada en 2014. Se han emitido tres temporadas hasta el momento y se espera una cuarta. La premisa de la serie en un principio parece no dar de sí. Bojack es un actor famoso por su aparición en una Sitcom en los ochenta muy del estilo de Family Matters. Actualmente es un alcohólico que no hace nada con su vida. En su mansión convive con Todd, un joven sin trabajo que ha dormido en su sofá los últimos cuatro años.

En sus primeros capítulos, la serie parece una inserción del humor negro de South Park en el mundo de Hollywoo (no, no me he equivocado al escribir, quien haya visto la serie lo entenderá) y con animales antropomórficos mezclados con humanos como personajes. Desde mi punto de vista ésta es una de sus grandes aciertos. No solamente es una innovación de diseño sino que es absolutamente aprovechado por los guionistas a todas horas con constantes gags aprovechando la situación. Además, tiene un peso argumental vital. Si un personaje es un perro, en su comportamiento hay rasgos ello, esto da una profundidad a través de pequeños detalles que de otro modo se tardaría mucho tiempo en lograr.

Tras este comienzo convencional -y desde mi punto de vista absolutamente necesario como detallaré más tarde- poco a poco, la serie incorpora elementos dramáticos sin perder nunca el humor. Bojack Horseman es una tragicomedia, un constante contrapunto donde en una escena te puedes estar partiendo de risa y veinte segundos después tener un vacío por dentro mayor que la onda expansiva de Hiroshima. Ambas facetas no se pisan y la corta duración de sus episodios -apenas veinte minutos- no permite recrearse con nada. Ésto me parece una virtud enorme. Tú no llevas a la serie, ella te lleva a ti. Tú entras en su juego. Un clip de dos segundos de un caballo llorando te puede perseguir durante todo el día.

Bojack
Imagen de Bojack. Fuente: buzzfeed.com

Critica ácida

Otro factor muy destacable es la crítica que se hace tanto a la industria del espectáculo y a los medios de comunicación. Bojack triunfa siendo un mal actor. Pasó de hacer chistes en un bar a hacerlos en una pantalla y se hizo rico. A lo largo de los capítulos nos encontramos con constantes denuncias sobre el proceso de producción de las películas, al sensacionalismo, la impunidad que te da la fama, a la corrupción la hora de otorgar galardones a las obras audiovisuales…

Aparte, lo hace -aunque en clave de humor- de una manera clara e incluso hiriente hacia la industria cinematográfica. The Simpsons lleva criticando nuestra sociedad décadas y South partk lo hace de una manera mucho más dura. Y, si bien es cierto parece que en en este género hay más vía libre, me parece una apuesta valiente solamente que la serie vea la luz. Fue la primera producción de Netflix en materia de animación y pudieron quedarse en algo más genérico. Pero no lo hicieron. No solo en este punto. La realización de la serie, en general, es excelsa, original y tiene valor en sí misma. Para nada es una obra como las demás.

Problemas de ricos

El arco principal de la serie es el descenso de Bojack dentro de sí mismo. Una sensación para nada ajena. Todos -cada uno en su medida- nos hemos planteado en alguna ocasión si somos buenas o malas personas, si actuamos de una manera correcta o somos unos completos imbéciles. Los recuerdos de nuestras acciones pasadas son una piedra en el esófago. La soledad es una enfermedad acuciante y cada vez más personas ingresamos en El club de los faltos de cariño de Martín Leguineche.

El contraste viene cuando observas que Bojack tiene una mansión. Que puede permitirse el lujo de rechazar trabajos y que le dé exactamente igual que le despidan del que tenga. Horseman tiene tiempo para lamentarse en el sofá de su vida de mierda porque, en realidad, su existencia está absolutamente solucionada. Él no trabaja para sobrevivir sino para realizarse, para salir de un pozo de alcohol, desidia y nostalgia que se ha construido en torno a la comodidad. Si se agobia, puede irse a otra ciudad durante meses y cuando vuelva nadie le habrá desahuciado. Alguien le habrá solucionado los inconvenientes que haya causado su marcha. En definitiva, Bojack Horseman va a tener siempre comida en la nevera.

Una sonrisa de mentira

Unas líneas más arriba me refería como necesarios a los primeros capítulos de la serie para su consecución. El transcurso de la primera temporada es una alegoría del mensaje que quiere transmitir la serie. Las caretas que tiene el ser humano. Los primeros capítulos son el chiste que se hace cuando se está mal, la broma para ser aceptado socialmente. A medida que se avanza, se observa el juguete roto que es el protagonista, el odio hacia sí mismo que tiene. A medida que pasa el tiempo, la máscara que es el humor sigue apareciendo, pero no como una manera de vivir sino de sobrevivir.

Como ya he dicho, comienza con humor aparentemente con poco transfondo para poco a poco irse convirtiendo en un drama con situaciones realmente duras. Jamás desaparece en el resto de la serie, ocupando momentos cada vez más importantes e intensos. En la primera temporada una persona le escribe su biografía. Al principio no es sincero con ella al igual que la serie no lo es con el espectador. A medida que este caballo antropomórfico tan complejo se abre, vamos conociendo poco a poco la verdadera cara de esta obra. Bojack Horseman en realidad es como empezar una relación. En primer lugar, no puedes conocer los secretos más íntimos de la otra persona pero cuando te los cuenta, sea lo que sea, te sientes afortunado y la quieres mucho más.

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