“El teatro te abre mucho a hablar en público, a ser más extrovertido, a no tener miedo de que te juzgue tanto la gente” Manuel E. Lago, actor en Santiago de Compostela

El teatro es desatarse, atreverse, amaestrase, desbocarse, controlarse. Para su ejecución, es indispensable la complicidad con el otro; exige disminuir el egoísmo para saber compartir una conversación cargada de significado. El verbo actuar afecta a uno mismo y mancha a todos los presentes.

Con el paso del tiempo, nacieron varios de sus competidores. No obstante, la sociedad sigue reservando ese espacio insustituible sobre las tablas. Continúa gracias a los gladiadores sin armas que a día de hoy siguen combatiendo por él. Utilizan su cuerpo, sus gestos, su voz… Para poder ganarse al público, otra vez.

Manuel E. Lago es un amante del género con una trayectoria envidiable. Cuando habla de su experiencia lo hace con la mirada serena, se le escapa media sonrisa al recordar. En sus respuestas recae gran expresividad, no se cohíbe al mover los brazos para explicar o acariciarse la mandíbula en gesto pensativo. Cuando le pregunto, me confiesa que a veces utilizó su aprendizaje de actor para alguna situación personal. Tiene la voz ronca pero dulce.

Ha pertenecido a varios grupos de interpretación desde los once años. Sus inicios fueron en el colegio, con la obra Os Muñeiros; en la que fue protagonista como un “premio” por las notas. Posteriormente se inscribió en el instituto donde pudo perpetuar su grupo hasta la actualidad, vinculándose a la USC (Universidad de Santiago de Compostela). La institución les proporciona material y un lugar donde ensayar. A día de hoy pertenecen 8 personas y un director graduado en Arte Dramático. Sus proyectos suelen enfocarse en la adaptación, la creación colectiva y propia, la improvisación. Gracias a los certámenes pueden hacer visible su trabajo e incluso recibir -en ocasiones-, recompensa material (la otra la reciben siempre).


Utilizando la improvisación podéis crear la obra en base a vuestra imaginación.

El primer año era así, pero este año al tener un director hicimos varios proyectos. El primero fue el círculo de Don Juan Tenorio que tuvo unas jornadas en el Matadoiro. Individualmente, cada persona del grupo creó su visión de su figura. Con la improvisación surgieron características de cada uno de los personajes ya existentes. En este ámbito, el microteatral; las obras son de 10 – 15 minutos.


¿Cada uno hace su parte o colaboráis con los demás?

Colaboramos, siempre es feedback. A la hora de improvisar se nos ocurre ¿y si el personaje acaba de pensar esto? La última obra (la de la muestra) fue una creación colectiva más con la estructura ensayo, escena, más lineal. La verdad la gente salió muy contenta.


Os soléis dar a conocer con muestras, también certámenes ¿habéis ganado alguna vez?

Muchas veces los premios son anecdóticos. Tuvimos varias nominaciones. Por ejemplo en Barcelona, el MUTIS del año pasado (2016). Se trata de un festival español en el que participan compañías tanto no profesionales como universitarias. Hay diferentes categorías, nosotros tuvimos nominaciones a mejor actor con un personaje llamado Philip en una adaptación que hicimos de La Soga (Alfred Hitchcock).


¿Preferís las adaptaciones?

Este año no, todo lo que hicimos fue creación colectiva. Con respecto a las películas, la gente las conoce más pero lo cierto es que están basadas en obras de teatro. Esa es nuestra disciplina aunque tenemos un toque de improvisación, de danza, malabares, magia. Todo depende de la gente que configure el grupo. Si tienes personas que tienen otras habilidades tratamos de aprovecharlo. En mi caso por ejemplo, la danza no es una de mis mejores habilidades (risas)… Pero siempre te esfuerzas, lo trabajas, lo mejoras. Tanto en este grupo como en otros, me apunto para mejorar la expresión corporal, más que la danza. La mayoría de la gente que controla algo a la perfección viene aprendida desde fuera.

¿La magia también la utilizáis?

No hacemos espectáculos de magia en sí pero algún truco usamos. Lo que aún no hemos explotado son los malabares, pero lo tenemos pendiente. Somos un grupo muy diverso.

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Fotografía realizada por Juncal Álvarez, colaboradora


¿Perteneces a más compañías?

Sí, a otra compañía no profesional llamada Grupo Nuevo Teatro (GN). En total somos 6. Este año hicimos una adaptación de Salomé (Oscar Wilde). Tuvo mucho éxito en Santiago de Compostela, la representamos varias veces en teatros de aquí como La Unitaria y también por Galicia. Somos ganadores del premio Xuventude Crea del año 2016 en la categoría teatral. Son galardones de la Xunta para menores de 30 años. La representación es un musical teatral con orquesta en directo, danza y canto.

¿Se te da bien cantar?

Bueno, me defiendo (risas). Se me da mejor que bailar, aunque me toca hacerlo. No soy de los que más danza tienen en su papel. Hay gente muy buena, como te dije antes.

A nivel académico no te dedicas a esto.

Estudio economía. También estuve en el aula de teatro de la USC que es como la compañía universitaria por excelencia de Galicia, la dirige Roberto Salguero. Aunque no sea profesional tienes una formación alta. Fue una gran experiencia. Viajas a nivel internacional; fuimos a Lituania, Portugal. Yo ya no estoy, pero muchos de mis compañeros de GN estuvieron, otros siguen. Con lo cual, nuestro grupo es gran parte de aquella aula. Tiene mucho nivel, para poder entrar haces un casting. En el campo universitario es una de las mejores de España.

Entonces, no te planteas hacerlo tu profesión.

No creo que me vaya a dedicar profesionalmente. Es un mundo muy complicado. Hay gente excelente con un talento increíble que no puede vivir de ello. Están malviviendo con trabajos extra, es muy complicado dedicarse exclusivamente a esto. Es un mundo con mucha suerte, mucho contacto, para mí el teatro es magia, pasión.

Llevas muchísimos años haciendo teatro, supongo que te habrá cambiado a nivel personal.

Sí, yo se lo recomiendo a todo el mundo. Da igual si eres más tímido o menos sociable. Te abre mucho a hablar en público, a ser más extrovertido, a no tener miedo de que te juzgue tanto la gente. Yo creo que también a ser más empático. En escena tienes que ser muy solidario, tienes que ayudar a tu compañero. Eso también se traduce en lo personal.

¿Qué es lo malo de hacer teatro?

Probablemente la gente. El teatro como cualquier mundo que vive del público en sí vive de exponer y que te califiquen, tiene ese factor de orgullo. En teatro, danza, cine, música y similares las personas -y me incluyo-, tenemos el llamado ego. El ego del actor se puede tratar de administrar bien para poder aprovechar sus partes positivas. Por ejemplo, trasmitir la seguridad en escena.

¿La actuación que hagas depende del público que tengas?

Influye mucho. La relación con el público es como la del poeta, cantante. Siempre hay retroalimentación y se nota mucho cuando están en la misma ola que tú, cuando no hay conexión también se nota. La cantidad ideal de público depende de la obra. Hay algunas que están concebidas para poca gente, porque son más íntimas. Por ejemplo, la de Don Juan Tenorio era microteatro, dos actores, todo muy cerrado. Si había mucha gente te agobiabas y ellos no lo disfrutaban porque no había espacio. En grandes teatros sí que te gusta tener mucha gente. Si hay pocas personas en gran espacio lo sientes vacío. Ese vacío influye.

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Fotografía realizada por Juncal Álvarez, colaboradora


¿Alguna representación te gustó hacerla especialmente?

En el Aula hicimos Sweeney Todd, un musical al que le cogí mucho cariño por todo lo vivido. Fue un año muy intenso. Pasabas 5 horas al día con tu personaje por lo que final le coges un cariño impresionante. Yo hacía de alguacil, era el malo. No estaba acostumbrado, pero me gustó mucho explorar partes de mí mismo y sacar partido a mi parte más lasciva, más banal. Esforzarse tanto tiempo al día hacía que acabaras haciendo más profundo al personaje.

Pero fuera del teatro no te apetecía hacer maldades.

No, lo bueno del teatro es que te sales del personaje, te quitas la máscara. Si tu personaje lo pasa mal en escena no tienes por qué pasarlo mal tú como persona. Hay que saber discernir entre el mundo del personaje creado sin que te afecte. Yo aparto mi vida personal. Lógicamente es imposible hacerlo al cien por cien, a veces lo más fácil es intentar utilizar cosas de tu vida. Trato de crear su propio sentimiento, no dentro del actor.

¿Crees que eso te ayuda a empatizar?

No sé si eso es la causa o que notas más las máscaras. Todos tenemos miedos e inseguridades en los que nos resguardamos. El teatro es una forma de abrirse, fuera entiendes mejor al otro. Trabajas para el resto, no solo por tu lucimiento personal.

¿Qué papel te costó más?

Lo que más me costó fue el alguacil porque tenía que cantar. Al principio estaba convencido de que no lo iba a conseguir ni en broma, ya lo tenía asumido. Tuve mucho apoyo, mucha ayuda de la gente de dentro: actores, directores, profesor de canto. Casi de un día para otro, una semana para otra, funcionó. Vimos que iba bien y seguimos para adelante con confianza. Los primeros meses iba a dar vergüenza ajena, pero lo trabajé mucho.

¿Alguna vez has tenido que improvisar en el escenario?

Sí, al final le pierdes el miedo y hasta le coges el gusto. Si te sientes cómodo no tienes problema. Recuerdo una anécdota graciosa. Se suponía que la obra me tenía que emborrachar, aunque realmente era zumo. En el momento de representar le di un sorbo al vaso e inexplicablemente era whisky de verdad. Yo estaba bebiendo con mi compañero, nos miramos. Lo peor es que eran dos minutos de obra y pensé “tengo que estar una hora bebiendo alcohol, todo el rato”. Entonces me empecé a emparanoiar, creo que incluso me llegué a emborrachar. Al final nos olvidamos, quedaba más realista y todo (risas).

¿Qué obras tienen mejor respuesta?

Depende del público, que es muy diverso. Hay algunos más experimentados y otros menos. A los que no tienen tanto contacto con el teatro les suele atraer más una comedia facilona que les haga reír, que haga pasarlo bien, disfrutar, dejarse llevar, que tenga una imagen visual y con ritmo. A la gente del ámbito teatral le gusta que les ofrezcas algo nuevo. Personalmente prefiero las obras en las que sales del teatro pensando, reflexionando acerca de lo que te han dicho. Creo que es lo más difícil de conseguir, pero también lo más bonito.

¿El teatro tiene futuro o corre peligro con las tecnologías?

Por suerte el teatro grabado no es tan bueno como el teatro en directo, con lo cual no es como el cine. Las tarifas son esas porque hay mucha gente trabajando y sin esos precios no podrían vivir. No es como el cine, que al final se trata de una distribuidora; un poco de más o menos precio no les va a afectar directamente. Yo espero que el cine no sea sustitutivo de nada, que sea complemento. El teatro es nos sirve de crítica social, forma de exponer un pensamiento -que es para lo que ha vivido-, no solo para distraer a la gente o como ocio. Es una crítica que llega al público directamente: el directo crea conexión.

 

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