Mercedes Oliveira: “Cuando los hombres entran en el feminismo, no deben usurpar los espacios que ocupan las mujeres”

Mercedes Oliveira -más conocida como Chis- lleva toda su vida profesional dedicada a la docencia, fundamentalmente en la materia de Filosofía.  Nos conduce a través de las tripas del IES Alexandre Bóveda de Vigo -lugar donde ha dedicado los últimos años- hasta el interior del aula Hipatia, llamada asi en referencia a la filósofa del siglo V d.C. Antes de entrar destaca que “antes era el aula de religión” remarcando desde un principio una actitud contestataria frente a este estamento. Nada más entrar, sorprende a la vista la gran cantidad de recortes con diferentes carteles reivindicativos pegados a la pared. Juntos conforman mosaico bastante estético. “Muchos me los da el propio alumnado”, declara con una sonrisa. Chis, a lo largo de su carrera, ha sido galardonada con dos Premios Irene por su actividad docente. Este año le han concedido el premio a Viguesa Ilustre por su actividad. A sus sesenta años, ha escrito siete libros y ha hecho múltiples colaboraciones. Es uno de los máximos referentes en educación sexual desde la perspectiva de género. A día de hoy, está dentro de una etapa nueva por definir. Este año anuncia su retirada. Eso sí, no parece dispuesta a tener una jubilación plácida y relajada.

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Parte del mosaico que conforma la pared del Aula Hipatia. Fotografía de Marta Rodríguez.

 

Llevas más de treinta años impartiendo clase de una forma alternativa a la habitual. ¿Cómo llegas a la conclusión de que es la mejor opción?

Cuando empecé a dar clase encontré un problema, había un grupo de gente con la que iba todo muy bien pero otra que no hacía nada e iba fatal. En mis primeros años tenía a la mitad del alumnado suspenso. Era el famoso fracaso escolar, gente que iba mal en todo. A través de las técnicas de estudio, me fui metiendo en las líneas de a didáctica y entré a trabajar en lo que se llama el aprendizaje significativo que me ha dado las claves para trabajar con el alumnado. Parte de la base de que la gente cuando recibimos información ya sabemos cosas que conforman un esqueleto. Para que el aprendizaje sea significativo, hay que partir del llenando todos los huecos con músculos, tendones…. Si tú das un mensaje liso y plano sin entrar en los conocimientos previos, entra todo como una bomba en la cabeza. Esa era una de las dificultades resumiéndolo mucho. Otro problema es que la gente trabaja para examen y eso es ruinoso. Hay que intentar trabajar diariamente. Ahí fue cuando empecé a ensayar las libretas con trabajo diario. Me encontraba que cuando trabajaba diariamente, podía hacer un examen que iba bien y aunque no hiciera examen iba a ir bien igual porque se estaban grabando los conocimientos en la cabeza a través del trabajo sistemático y diario.
¿Por qué crees que este modelo constructivista no está más extendido entre el resto del profesorado?

Porque los profesionales de la enseñanza son los profesionales menos profesionales. Yo no soy filósofa , soy profesora de filosofía. Para un profesor lo importante debe ser saber como enseñar su asignatura, no saber cosas sobre ella. Todo lo que es didáctica, pedagogía y tal son tonterías para el personal docente. No les interesa. Hay muy poca preocupación del profesorado en cómo enseñar.

Gran parte de tu vida docente, la has dedicado a impartir educación sexual. De hecho, tu tesis es sobre ella en adolescentes y has editado publicaciones relacionado con esto también. ¿Realmente tiene tanta importancia?

Hice mi tesis doctoral con el filósofo Carlos Gurméndez. En un principio, era sobre la metafísica del amor. Cuando yo iba a Madrid a llevarle mis legajos, siempre me decía que le contase las cosas que yo hacía en clase. Llegó un momento en el que él concluyó que era muchísimo más importante esto último que cualquier otra cosa. Me dijo: “trabaja en tu huerto”. Cuando empiezo a hacer educación sexual me doy cuenta de que tiene muchísimo éxito. Aparte, los chavales en los institutos venían a Ética y pasaban de Religión porque sabían que allí no la tenían. Era una forma de confrontar con todo el sistema religioso con el cual yo estaba muy en contra. De alguna manera, es una forma de dar un poco de caña aparte lo necesaria que es. Aún hace poco me encontré con una ex alumna que me dijo que cuando le daba clase ella estaba una relación de pareja asfixiante. Vio que aquella relación era de muchísimo control y posesión y si no hubiera sido por esa clase hubiera seguido allí. Trabajar todo eso en edades tempranas está muy bien porque cuando te toca algo así lo sabes gestionar.

¿Has notado una evolución del estudiantado a lo largo de tu vida docente?

Sí, noto muchísima evolución. Con las chicas siempre fui muy exitosa. Es bastante fácil prender y engancharlas, era una ventana que se abría en el modelo de opresión. Con los chicos el efecto rebote era descomunal antes. Tenía conflictos en el aula porque había unas masculinidades más violentas, más incómodas. Y si con alguno sintonizaba procuraban disimular, lo hacían en privado. Últimamente he notado que hay muchísimos que se declaran feministas o aliados y que están encantados de descubrir masculinidades alternativas. Pero al igual que te digo esto, también es cierto que hay otros que están instalados en una masculinidad rancia y que están como fieras azuzando molestando a compañeras.

¿Que has aprendido del alumnado? Muchas veces nos centramos en lo nuestro y no vemos lo que otras personas nos pueden aportar.

Muchísimo. Me dicen que soy joven para jubilarme pero en realidad es por todas las cosas que me devuelve la gente con la que estoy. Empatizas con sus problemas y con su vida. El problema de la filosofía es que te puedes quedar muy enganchado a la biblioteca pero a mí me interesa mucho la filosofía de la vida. El hablar. Me interesa música que oyen y la la literatura que leen a pesar de que hay poca vida intelectual en estas edades. Suele aparecer después, en la época de universidad. Este contacto lo suelo mantener después sobre todo a través de redes sociales. Yo veo que hay una constante retroalimentación.

Como resultado de tu docencia, tienes en tu haber dos Premios Irene, concedidos a profesorado no universitario que hacen proyectos de mejora de la calidad Educativa. ¿Cómo la experiencia?

El primer premio Irene que gané fue por el programa de educación sexual llevo en el aula. Me encantó porque llevaba veinticinco años haciéndola sistemáticamente, lo cual garantizaba que todo el alumnado de instituto tuviese esa formación. Era muy interesante que se reconociera eso fuera y sobre todo por el Ministerio de Educación. El año siguiente nos dieron el premio Irene por el Proxecto BATA. A mí como coordinadora y a los nueve profesores que lo formaron. Conseguimos meter la bata en las distintas materias estar trabajando ante todo el curso hasta el 8 de marzo, día de la mujer y así sacamos la wiki. La verdad es que fue muy interesante y lo exportamos a otros centros.

Actualmente tu proyecto principal es el Comando de Igualdade. ¿Cómo surgió?

Surgió hace dos años a partir de un grupo que tuve en la asignatura de Filosofía del Derecho. Les mandé hacer a todos un trabajo relacionado con temas como la homosexualidad, el amor, la masculinidad, la desigualdad… A la hora de exponer sus trabajos, me llamó la atención lo bien que lo hacían y empecé a exportar esas exposiciones a otras clases. Empezamos a llamarle Comando de Igualdade -Comando de Igualdad- porque tiene un toque rompedor. Nos llamó un profesor que había estado en el instituto para llevarlo fuera y fue un éxito. En el público había casi tantos profes como alumnos. Poco a poco, la cosa comenzó a correr y lo promocionamos los años siguientes en clase. Ahora mismo somos cinquenta y seis.

¿Cuál es el objetivo máximo del Comando?

Sensibilizar. Dentro del mismo hay gente muy formada -incluso ex alumnas con un Máster en Género- y gente muy poco formada pero muy sensibilizada. No tienen la erudición de los formados pero está muy bien que haya diversidad gente intelectual, gente moderna, gente más pijita, friki… Cuando vamos a dar charlas me parece fundamental que el alumnado que asista se sienta identificado.

Aparte de las charlas o los eventos a los que asistís ahora, ¿cuál es el futuro a medio plazo?

Eso es lo que está todavía por escribir. Es como un libro en blanco de momento. Al dejar el instituto voy a tener un poco más de tiempo pero también es cierto que pierdo la cantera. Tengo que intentar buscar un espacio y hacer formación. Mi idea es un día por semana tener un encuentro. También quiero abrirlo. Es muy interesante expandirlo a gente de otros centros, sacarlo un poco de aquí.

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Fotografía de Marta Rodríguez

¿Qué medidas piensas que se pueden dar en un instituto en materia de igualdad de género?
Es muy complicado y difícil. Quizá el paso fundamental sea implicar al profesorado por completo. Está muy bien que haya un par que hagan esto pero queda un poco anecdótico cuando somos tan pocos. Desde orientación se pueden hacer muchísimas cosas también. Por ejemplo, romper que las chicas hagan unas carreras y los chicos otras como se puede ver en las ingenierías, carreras fundamentalmente masculinas. Otro trabajo muy interesante es trabajar con el cuerpo, implicar a profesores de Educación Física en ello porque aún hoy he tenido que trabajar con una chica anoréxica. El problema de la desigualdad ya no es tanto filosófico -que está claro que lo es- sino un problema de sufrimiento. A mí lo que realmente me preocupa es que hay muchísima gente sufriendo. La idea del mundo del mejor es el que tenemos que tener en el horizonte. Un mundo en el que todas y todos podamos convivir.

Esta desigualdad, esta opresión ¿piensas que son casos individuales o se debe a algo estructural?

Está claro que es estructural, lo que pasa es que a nosotros nos toca actuar en lo particular, en nuestro entorno. Afortunadamente, yo al estar en un instituto puedo movilizar gente. Llevo treinta años haciendo material didáctico incorporando a mucha gente a la Filosofía de la igualdad casi sin darse cuenta. También hice un libro que me encargó la Xunta de Galicia de formación sociosanitaria. Lo empiezo con una cita sacada de una investigación médica: “En una consulta de atención primaria de cada tres mujeres, una es una mujer maltratada”. Es importante decir que no es en la calle sino en la consulta. El maltrato enferma. No se va por él directamente sino por cosas derivadas: insomnio, fibromialgia, dolor de espalda, ansiedad… si se está formado es muy sencillo sonsacar, a veces basta con una simple pregunta. También es importante hacer un seguimiento más allá porque por ejemplo una mujer no tiene por qué irle bien su psicóloga. Derivar no es dejar a deriva. Esto se lo insisto siempre a los profesionales.

¿Consideras que existe un sistema judicial que funcione convenientemente para denunciar estos casos?

Sí, yo desde luego lo que estoy viendo en las últimas actuaciones que funciona muy bien. Siempre es mejorable pero funciona. Creo que tenemos que felicitarnos de cómo van las cosas y de cómo actúa la Policía. Siempre puede haber un agente que no funcione muy bien pero están mucho más sensibilizados y formados. Ese sentido tengo bastante confianza general.

¿La desigualdad esta vinculada a sistema económico, en este caso, al capitalismo?

Totalmente. Yo es que creo que no se pueden entender separados. Para empezar, la mujer es un objeto de consumo. En la división sexual del trabajo a la se le asignan unas labores que a la producción capitalista le viene genial. ¿Por qué? Porque si no lo realiza ella, habría que pagarlo por otro lado y eso complicaría las relaciones. La prueba la tienes en que cuando la gente tiene un cierto poder adquisitivo, pagan a otras personas para que lo hagan. Incluso dentro del trabajo, se asignan las tareas propias de su sexo a las mujeres: si trabajo en un bar aparte me dicen que limpie los baños. Yo hago más trabajo y el hombre va a ganar más. Aparte, le van a decir que no me diga lo que gana para no crear conflictos laborales. Está todo entrampado, para ellos es muy cómodo estar instalados en el privilegio. El sistema capitalista está basado en la desigualdad de unos sobre otros y la primera siempre es la de hombres y mujeres. También existe desigualdad entre trabajadores pero las mujeres siempre se llevarán la peor parte.

¿Entonces consideras que es imposible una emancipación de la mujer dentro del sistema capitalista?

Yo creo que sí que es posible siendo muy optimista. Al capitalismo hay que venderle la igualdad, hay que tratar de hacerle ver que le beneficia. De hecho, ya hay empresas que se dan cuenta de que tratar bien a sus trabajadoras las hace más productivas. Este sistema es tan voraz que hasta se come hasta la disidencia. Aunque suene fuerte, el objetivo es que el capitalismo integre toda la Filosofía de Igualdad. Esto es solamente una especulación pero ¿Por qué no? Ya lo está haciendo con otras cosas.

¿Cuál es el papel del colectivo masculino en la lucha por la igualdad?

Me parece fundamental si somos 50 y 50 y una parte no se involucra y no se moja, no avanzamos. Es fundamental renuncie a sus privilegios y que se dé cuenta de lo que tiene que ganar en un mundo de igualdad. Ese crecimiento personal que tienen tan mermado por la masculinidad hegemónica tendría que ser un logro a conseguir. El día que los tíos se den cuenta de lo que tienen que ganar, todo avanzaría más rápido. Los hombres también pueden ser poetas, no tienen que jugar al fútbol, pueden ser empáticos y disfrutar de la belleza. Tener la capacidad de compartir malestares y miedos es salud mental. Ellos ganarían muchísimo.

¿Un hombre puede decir de sí mismo que es feminista?

Yo creo que sí porque el feminismo es una filosofía y como tal, los hombres pueden ser feministas. Eso sí, hay que tener cuidado con que cuando los hombres entren en el feminismo no deben usurpar los espacios que están ocupando las mujeres. Ellos son educados en la dominación y el protagonismo por lo que muchas veces se dejan llevar y arrasan. El feminismo lo creamos las mujeres pero bienvenida sea toda la ayuda. Tampoco me parece mal que haya gente que se denomine aliado pero yo no haría guerra de eso. Como digo en mis libros, “si estás por la solución dejas de estar por el problema”.

¿Cómo concibes ahora tu vida tras tu retirada?

Me voy a tener que reinventar. No sé quién voy a hacer porque mi identidad ahora mismo es ser profesora.. Yo soy muy viajera, así que podré hacerlo sin la presión de tener que volver o pedir un permiso en el. Tengo a mi hija viviendo en Nueva York, a lo mejor me apetece ir a pasarme un mes por allí. Por otro lado también me voy a dedicar a escribir. Además, me están llamando constantemente para conferencias y charlas. También doy clase en algunos Master, cada vez menos por los recortes pero ahí sigo.

 

1 Comment

  1. Eso es Chi compartir….solidarizarnos…autoanalizanos …la educacion machista se esconde en el ultimo poro de hombres y mujeres, unos en el papel dominante, otras en el contrario….
    La clave para otro mundo, con otros valores esta en la educacion y la lucha por los derechos de tod@s l@s oprimid@s
    En el camino nos vemos

    Me gusta

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