“En este rincón del mundo”, la guerra plasmada desde el manga al anime

Al oeste de Japón nació la que todos conoceríamos como hermana de Nagasaki por las aproximadamente 80.000 personas que murieron en 1945. La reconocemos como tal no desde el seno, sino por la desgracia. 166.000 seres humanos también fallecieron en Hiroshima. El motivo fue un retroceso para la humanidad: una bomba atómica y sus efectos sobre los supervivientes. Nos situamos en el tiempo, en el lugar, exactamente en un pueblo pesquero llamado Eba.

 

Durante la historia se ha tratado de plasmar ese sufrimiento, ese dolor, esa injusticia que provocan las guerras. Fumiyo Kôno con lápiz en mano se atrevió a recrearlo en 2007, a nosotros nos llegó ocho años después En este rincón del mundo. Su nombre no puede ser más acertado porque muestra literalmente lo que expresa, la visión reducida de un suceso que afecta a nivel general. Ante tales catástrofes todos acabamos ensuciados de sangre y dolor. El Gernica no lo hizo Pablo Picasso, él fotografió con pintura un retrato de la Guerra Civil.

 

Suzu Urano, la protagonista

Suzu Urano es joven, vive humildemente cerca del mar. Hiroshima aún tiene los dientes de leche y cuando comienza la Segunda Guerra Mundial, marcha a Kure para casarse con un completo desconocido. Los colores parecen sucederse a cámara lenta en la pantalla, como si paseáramos por ellos desde los trazos que Suzu se atreve a plasmar en un cuaderno. Símbolos se retratan por todas partes, desde la libertad de conejos danzando que desaparecen ante las armas, mujeres pobres salvadas de la hambruna por la elegancia de la prostitución, marineros valientes que traen barcos cargados del dolor que produce la incertidumbre y el honor. En este escenario, Suzu no deja de sonreír con la melancolía de ir perdiéndolo todo. Viendo que la vida parpadea ante los aviones cargados de explosivos. No entiende de lujos, aprende a transformar un puñado de arroz en alimento para la familia; escarba en la tierra para que de los huertos se sustraiga un nuevo sabor.

 

La animación -ganadora de los Premios de la Academia Japonesa-, no esconde la belleza de la vida rural. Al contrario, trata de seducir al espectador con lo sencillo que nuestros ojos acostumbrados al exceso, se nos escapa. Nos denuncia la necesidad de tener, ansiar sin descanso disfraces y máscaras. Allí no hay nada innecesario, nada sobra, todo sirve. Mientras la familia recoge sus pertenecías y se pone a salvo en una pequeña base pegada a la casa. Se abrazan sin necesidad de contacto físico. El cariño se demuestra en la más leve sonrisa. Se levanta el polvo, se caen los hogares construidos con el mayor de los esfuerzos. Los japoneses siguen luchando hasta que -como ya saben- acaba la batalla. Nadie gana, pero se señala un perdedor para acallar a la soberbia.

La otra cara de Pearl Harbor, la otra visión de la historia, con menos fama, nada de romanticismo rosa y una ternura que nada tiene que envidiar a las producciones de Studio Ghibli. Tienen dos opciones: verla e impregnarse por la época o quedarse fuera del espectáculo (por lo que les resultará demasiado extensa). En cualquiera de los casos, les recomiendo no levantarse hasta el final, para poder escuchar la maravillosa banda sonora mientras las letras va desvaneciéndose. Como nosotros, ante las guerras ajenas.

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