Lo que Netflix no te contó de Narcos

Hace apenas unos días se estrenaba el tráiler de la tercera temporada de Narcos. En ella se continuará el relato de lo ocurrido tras la muerte de Pablo Escobar.

 

El fenómeno de la serie ha llegado a nosotros como una ola que nos arrastra hasta la Colombia de drogas y violencia. La serie producida por Netflix parece mostrar los sucesos que durante esos años afloraba, de hecho, hay espectadores que la consideran un documental del que pueden extraer datos veraces. Nada más lejos de la realidad.

 

Las invenciones de Narcos

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En primer lugar, el hijo de Pablo Escobar, Juan Pablo Escobar, se ve descontento con la imagen dada de su padre. Afirma que él era completamente despiadado, en la serie lo endulzan. Por otro lado, criminalizan a su tío, Carlos Henao. Para él era una persona honesta y trabajadora que se dedicaba a la arquitectura y nada tenía que ver con el narcotráfico. La escapada de La Catedral, en cambio, sí que tenía que ver con la arquitectura del edifico. Tenía unos ladrillos flojos diseñados en la construcción, así que no necesitaba ayuda de nadie para huir. La fuga produjo un guardián muerto.

 

Con respecto a los cárteles: Medellín se pensaba quedar con Miami y Cali con Nueva York, Aún a día de hoy no hay suficientes narcotraficantes en ese territorio que va creciendo en demanda. El segundo cartel fue cómplice de Fidel Castro, ayudando a los hermanos Castaño a crear Los Pepes (y no la CIA, como se expone). Aunque aparezca que el narco tenía un conflicto con la ciudad, el problema lo tuvo con el Cartel de Cali al que nunca le dio tregua. De hecho, envió un comunicado en el mostraba que no tenía problemas con los habitantes de allí.

 

Pablo Escobar nunca utilizó un arma de primera mano para matar, solo para dar órdenes. En sus últimos días no estaba acompañado, estaba solo. De hecho, la propia familia pasaba mucho tiempo sin compañía. No contaba con mansiones como en la serie se indica, tampoco los hijos vivieron en clandestinidad.

 

Las llamadas telefónicas eran la forma más fácil de localizar. El mismo Pablo Escobar así lo decía, por eso no se permitía una larga conversación. No obstante, se sobrepasó con la que sería la última llamada. Y es que, Pablo Escobar no cesó nunca de decir que se suicidaría. Supuestamente, Carlos Castaño comunicó a la madre de Juan Pablo Escobar que fue él mismo quien se mató.

 

Con respecto a Juan Pablo Escobar, en la serie aparece como un niño que no se entera de ciertas cosas. En a realidad él se enteraba de todo y su padre no ocultaba lo que era: un bandido. De hecho, incluso le confesaba los atentados que cometía.

 

 

Las alegaciones del hijo del criminal (rebautizado a sí mismo como Juan Sebastián Marrorquín) en las que se desentiende al completo con las actuaciones su padre, difieren con las de Popeye (John Jairo Velásquez Vásquez); un sicario que pasó en la cárcel 23 años. Este afirmaba que Juan Pablo con apenas 13 años ya vivía solo y aprovechaba para tocar los senos a las mujeres, que no podían negarse al ser el hijo de Pablo Escobar.

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¿Qué efectos tiene la serie?

 

A nivel mundial parece que Narcos ha destacado por la grandiosidad con la que trata a los criminales. Utiliza la banda sonora –con un oppening de Rodrigo Amarante entre quejumbroso y provocador-, los vestuarios –esas camisas vintage que muchos usarían a día de hoy-, un Pablo Escobar que ha adelgazado unos cuantos kilos, se conserva mejor y tiene un acento que más que paisa parece estadounidense (el actor es brasileño). Los propios antioqueños así lo prefieren: “mejor que se acerque más al gringo, porque la serie no es fiel a la historia y no queremos confusiones”.

 

Ellos, los que estaban asustados, los que no podían salir de casa sin sentir en sus carnes el temor de que pusieran una bomba en cualquier lugar y les pillara en medio, o peor, a sus hijos. Ellos ven esa serie tan de moda, que hace atractivo el poder de Pablo Escobar en Medellín, ciudad que ha sufrido tanto (aún se prohíbe que vayan dos en la moto a partir de cierta hora, porque así atacaban) y apenas pueden creer toda la fama que tiene.

 

Eso sí, si quieren conocer esta historia profundamente y con veracidad (esta desde el inicio afirma que está solo basada en hechos reales) es preferible ver Escobar, El Patrón del Mal; donde Pablo ya ha puesto los kilos que le faltaban, e incluso en su acento se identifica con el de la zona y su forma de hablar es entrecortada, como si le faltara la respiración. Pueden ser los efectos secundarios de causar tanto miedo.

 

No obstante, hay que recordar que Colombia está en evolución. Si vienen a Medellín a visitar la casa de Pablo Emilio Escobar Gaviria y a buscar los restos de sus destrozos en la gente, encontraran la alegría que estos desprenden. Han aprendido con los años a disfrutar tras la sequía, a amar su tierra y a no avergonzarse de ser lo que son. Lo mínimo es que les respetemos viendo a Medellín más allá de las drogas. Porque hay más. Mucho más.

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