Colombia: Islote de Santa Cruz con los cinco sentidos

En el Caribe de Colombia -región de Sucre-, un nenúfar flota en la laguna. La flor es el Islote de Santa Cruz, una creación del ser humano configurada por casas de bloque y cemento. Cuando uno se va acercando comprueba que se trata de un lugar particular por la convergencia de sus características, entre ellas, que es considerado la ínsula más densamente poblada del mundo. Definirlo en pocas palabras es infravalorarlo, por ello, es necesario preguntarse con los cinco sentidos.

Mujeres lavando y descansando

¿Cómo se ve?

Calles estrechas y caóticas que dan una sensación de cercanía. Los habitantes de piel negra se tiñen el cabello de colores vivos: amarillo, rojo, rosa; las mujeres utilizan además trenzas para recogerse la melena. Utilizan ropa cómoda, se reúnen en grupos. Casi ningún adulto está solo, los niños se aglutinan correteando entre las casas. Hay gallos silenciosos (ya son las nueve de la mañana), gran variedad de perros y dos tortugas de grandes dimensiones que se esconden en un jardín.

Nos miran como si fuéramos extraterrestres aunque (y porque) somos extranjeros. Vestimos diferente, andamos diferente, les miramos con curiosidad. Ellos parecen acostumbrados a la presencia extraña, en ese reducido espacio.

Reunión de jóvenes en la cruz

¿Qué suena?

El ruido, la contaminación acústica de un terreno sin coches. Tienen un acento de la costa, aspiran más las letras y en ocasiones cuesta más entenderlos. Se acercan a nosotros únicamente para preguntarnos si queremos comprar o qué queremos comprar. Los niños nos ignoran cuando suena el obturador de la cámara, muy pocos quieren posar.

A todo volumen se escucha champeta, la música de la zona. Es un género influenciado por las colonias africanas que se baila moviendo el cuerpo contra el de la pareja. Rítmicamente y con repeticiones. Lo que para los foráneos como nosotros nos parece algo extremadamente sensual, ellos lo danzan con una solemne naturalidad. La canción que más se repite se llama El Chicle, de Koffe el Kafetero. La letra dice: “tú sin mí eres como una champeta sin despeluque, como una guitarra sin cuerdas, eres como un chicle sin sabor”.

Varios niños comparten helados

¿A qué sabe?

Sabroso. A pescado recién capturado, a arroz de coco, a coco a secas que las niñas venden. También sabe a guaro (aguardiente), una bebida que tienen tan incluida en la cultura como cualquier otra costumbre. Una hectárea donde no faltan los licores y ellos los consumen desde muy temprano. Se les ve conversando con el vaso de alcohol en la mano. Se lo llevan a la boca y no cambian la expresión en el rostro, pese al alto número de grados que contiene (entre 28% y 60%).

El suelo del Islote está cubierto por agua y fango

¿Cuál es su olor?

Hedor del barro creado por la arena y el agua que arrastran los pies. La salitre del mar que abraza el interior de la isla. La basura y la comida. El calor que reúne y diluye el aroma corporal de cada uno de nosotros.

Muchas de las paredes están decoloradas y tienen grietas

¿Se puede palpar?

Algunos se adentran en el acuario, un pequeño espacio donde pueden sumergirse y tocar la textura de los tiburones “una experiencia única” me reconocen; ya que son mansos y se dejan acariciar.

Las paredes estás cubiertas por trozos sin color, grietas que se cayeron. Se puede notar la superficie granulosa. En los pies, la arena continúa siendo una fiel compañera. Una cruz pintada de blanco en una calle se siente lisa bajo los dedos. Las piedras del muelle regalan una rugosidad que se puede contrastar al sentarse y sumergir las piernas. El mar es templado y cristalino. Descansa impertumbable, avivado únicamente por los peces que lo turban.

Desde muy una edad temprana aprenden a pescar y a utilizar los recursos del mar

¿Transmite?

Conmueve, altera, genera en cada ser humano distintas cuestiones. Queremos saber cómo sería vivir ahí, nos alejamos de su cultura pensando en la sensación de claustrofobia, habitar en medio de la nada, de nadar si se desea escapar.

Para James Joyce, el escritor no debería escribir nunca sobre lo extraordinario ya que eso es tarea del periodista. Periodística y literiariamente, en el Islote de Santa Cruz el realismo se debe expresar mágico (y trágico).

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