Dot, dot, dot. Dot, dot, dot, dot.

Leo los tuits de Trump en YouTube a diario. Bueno, me los lee Colbert impersonando al susodicho. Sigo la política americana desde hace un par de años, desde que The Donald empezó a ser una posibilidad real el verano de 2016, y con más entusiasmo cuando descubrí el Late Night Show de Stephen Colbert ese mismo invierno. Ahora, puedo prometer y prometo, que recitaría nombres de políticos a ambos bandos y sus posiciones en los partidos y cámaras como aves marías, de altos funcionarios y sus correspondientes torpezas públicas, de periodistas, de jueces, de empresas y lobbies. No leo los periódicos y semanarios de aquella orilla -demasiado digo. Quizás si lo haga bastante por encima de la media de la juventud europea-, mis fuentes se reducen a un par de canales de YouTube, el del programa inclusive, pero escribiría con más tino probablemente una columna sobre cualquiera de los abogados del POTUS antes que una sobre las elecciones la Junta y las subsiguientes negociaciones a la presidencia, por ejemplo.

 

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El show de Stephen es verdaderamente bueno. Él sobre todo, un actor de Broadway remodelado a cómico con un abanico de aptitudes interpretativas incontestable. Ya alcanzó la fama cuando tuvo el par de nueces de convertir una declaración suya ante el mismísimo Congreso de los EEUU en un monólogo; una obra maestra, pero esa es otra historia. Decíamos, cada cadena tiene el suyo, su profesional carismático y bienpagado ad hoc, pero los índices de audiencia hablan por sí solos. Ni Jimmy, ni Trevor… Siquiera mi subjetiva adoración a John Oliver excusa la realidad, el británico brilla apenas semanalmente detrás de una mesa en un programa bastante más enlatado, Stephen versiona a Sinatra en cuanto te descuidas.

 

Estos programas, los Late Shows, respetan el formato de los variety shows estadounidenses de la mitad de siglo. Del siglo ya pasado, entiéndanme. Como Toast of the Town, de la cadena CBS. Debutó en 1948 como tal, y de la mano de su anfitrión acabó siendo el Ed Shullivan Show que triunfó veintitrés años consecutivos en el aire. Canelita en rama. Y así tantos otros –Broadway Open House (1950), The Steve Allen Show (1950), etc.-. Y es este éxito el que pudre la manzana. Al abanderar el cierre diario del bucle informativo refrito de las cadenas, al ser distintos y entretendidos, han coincidido históricamente siempre con los picos de audiencia de sus respectivas cadenas. Esto, sumado al diversas causas sociológicas, revanchismos políticos y pertinentes decisiones editoriales que no merece la pena discurtir aquí, cargaron de política las actuaciones con el paso del tiempo, creando el siguiente paradigma: la mayoría de la población americana reciben las noticias, o directamente forman su opinión, de un programa de humor ¿Dónde quedan por tanto las líneas del periodismo y qué nieblas causa el humor al juicio? ¿Dónde quedan los datos y qué rigurosidad se le exige al cómico? ¿Dónde vive la consternación tan necesaria para entender algunas noticias y formar ciudadanos críticos? Durante estas últimas midterms, los resultados se analizaban en directo por cómicos, food for thought.

 

Ahí dejo las preguntas. Consideré investigar esta circunstancia como Tesis de Fin de Grado de Derecho, pero en España este fenómeno no es tan significativo -todavía-. Como en tantos otros ámbitos, en lo que respecta a este tipo de shows siquiera hemos estado al rebufo del impulso yanquee -Aunque quizás proceda debatir si este formato es parte del progreso mediático occidental o un simple atributo de la cultura americana y si al efecto su emulación es mero contagio o un paso avante tardón-. Hace apenas dos telediarios, en 1992, llegó el primer programa de este pelo, con El Gran Wyoming en Telemadrid: La noche se mueve. Le siguieron tantos otros suyos y de terceros, desde Jose Coronado a Eva Hache… Hasta hoy, con Late Motiv, La Resistencia o El Intermedio. Pero un vistazo objetivo puntúa las íes: son programas de andar por casa comparados con la influencia social de sus homólogos angloparlantes.

 

Esto debería ser una crónica. Mucha política americana y poca educación periodística. Si leéis esto Claudia no me ha matado todavía. El mes que viene ¿qué os parece si hablamos del cine danés?

 

FICHA TÉCNICA
Anfitrión: Stephen Colbert
Banda: Stay Human
Fecha de estreno: 8 de septiembre de 2015 (EEUU)
Cadena: CBS
Productoras: CBS Television Studios y Spartina Productions

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