¿A cuál de mis novios te refieres?

No es tan importante constuirse como deconstruirse. Deshacer para rehacer desde la casi libertad, que nunca llega: porque a veces es hacer o que quieres, otras lo que debes. Incluso no hacer. Entre otras, el poliamor es una de aquellas formas de reestructurar los cimientos del edificio y crear una comunidad donde entren más personas (al menos en número). Quién sabe si mejor. Probablemente ellos, los que lo practican.

En la teoría, el poliamor consiste en mantener relaciones con varias personas desde el consentimiento. Se diferencia de la relación abierta en que los vínculos son paralelas, no se trata de uno principal y otros esporádicos. Detrás de estas palabras existe una reflexión más profunda. JD Verdejo intenta llegar a ellas través de un diálogo. Por eso creó Filosofá, que consiste en generar charlas cada dos jueves, acerca de distintos temas de interés social. Gracias al proyecto -que ya hemos nombrado en otras entradas-, se escuchan muchas voces. Además, también Fer pudo escribir una crónica espectacular. En este coloquio de poliamor participaron Cecilia González (antropóloga, activista feminista por los derechos humanos, especialmente enfocada al desarrollo de las diversidades sexuales), Adam Otropaelsaco (artista multidisciplinar, activista trans y pro amor libre, al que ya entrevistamos) y Rafael Torregrosa Rodríguez (psicólogo y sexólogo especializado en pornografía, nuevas masculinidades y no monogamias, entre otros).

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De izquierda a derecha: Adam, Cecilia y Rafael.

Desde un punto de vista tanto teórico como empírico, los tres se basan en que el amor no se divide, se multiplica. No obstante, esta afirmación no quiere decir que sea estable. “Vivimos en una sociedad que castra emocionalmente, que es heteropatriarcal y capitalista” defiende Rafael, la respuesta que él da es crear relaciones sexuales seguras, desde una crítica social. Por ello, recomienda dos lecturas: Sed de piel ¿Feminizar el futuro? de Manuel Lucas Matheu y La vuelta al mundo en ochenta polvos, de Javier Ortega. Además, hace alusión a las cuestiones históricas, en las que hay comunas poliamorosas, con niños que nacen sin celos. Ante este suceso cabe preguntarse por qué surgen y cómo podrían eliminarse.

Cecilia comienza analizando que lo personal es político, lema de la segunda ola del feminismo. La realidad es que las personas se organizan a pares. Como en el arca de Noé. Los culpables son varios: la posverdad, las limitaciones culturales, cómo se exaltan los estados de ánimo y el binarismo. Esto último alude a que todo es bueno-malo y la existencia de poder (Foucault) y resistencia. Pero no todo el poder es opresor, existe el normalizador, que puede llegar a ser más peligroso, puesto que es más difícil de combatir. Deconstruirlo sería cuestionarlo todo, a través –en este caso- de una liberación sexual. Que defiende que, si la voluntad de saber nos hace libres, hay que saber romper ciertos compartimentos para decidir. Existen limitaciones: de género como algo estático, de lo pecaminoso del placer, de la evolución de las formas matrimoniales; en las que el sexo era productivo y otra cosa una pérdida de tiempo. Para Cecilia hay que pactar, que consiste en aprender a gestionar lo propio, desnudarse, conocerte, sin patologizar. Pese a que queda todo el trabajo por hacer, hay grupos de apoyo, libros, blogs, charlas enriquecedoras. Recomienda el Manifiesto contrasexual de Paul B. Preciado, que se define como “filosóficamente preciso e hilarante” y también la web de Golfxs con principios. Por último señala una serie de valores a llevar a cabo para que funcione correctamente: independencia económica, gestión de la interdependencia emocional, conocimiento y desarrollo del cuidado tanto de otros como de uno mismo. Finaliza con el lema: recursos, valores y condones.

Adam habla de sus experiencias personales y comienza reconociendo que acabar con una relación es como una muerte canina. Más aún si es tóxica y con dependencia. Defiende que no nos educan, que tener celos es normal, provienen de las inseguridades personales pero “lo arreglamos entre todas”. Por ello, se debe huir de la dependencia insana, no dejar cadáveres emocionales. Muchas veces el problema consiste en que da miedo perder a esa persona, hay que introducirse en las relaciones poliamorosas con plena conciencia, no acceder a algo no consensuado. Por ello, se ha de huir de comparativas, estar preparado para amar sin enfados, para solucionar con el otro.

Los invitados a Filosofá sostienen que si el poliamor pudiera resumirse en palabras, serían: cuidados y cariños. También defienden que, para que se llevara a cabo debería abolirse el trabajo asalariado y que los Medios de Comunicación representaran otros tipos de modelos familiares.

 

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Triste apología a la monorelación

Lo que muchos de vosotros queréis es deslegitimar nuestros enfados cuando notamos que vuestros cuidados descienden con cada nueva amante que incorporáis a vuestra lista, y que parece que queráis montar un harén de tías que compitamos entre nosotras por vuestro tiempo y atenciones. Porque alimentáis con vuestras actitudes, frases y egoísmos, esa competición entre nosotras, diciéndonos lo que queremos oír, no lo que realmente sentís, deseáis, pretendéis, pensáis.

– Nuki en Pikara

No me hacen gracia los chistes que ridiculizan al que tiene menos poder. Porque me parecen poco originales, poco inteligentes, poco espontáneos y porque no me gusta que haya gente cómoda mientras que los que nunca cupieron acaban apretándose en ínfimas zonas de confort por las que combaten. Vivimos en un mundo del que somos responsables, porque somos seres sociables. Lo que yo normalice también construye de cara al presente y al futuro. Por eso, una relación poliamorosa es más que querer a varias personas. Puede acabar siendo una mano amiga a ese hombre que siempre engañó a su mujer y cree que nunca fue comprendido. Puede ser una excusa para que la gente deje de cuidarse. Claro que puede ser también colaboración, pero ¿cómo? En una realidad con obligaciones tan marcadas, un solo horario para trabajar, comer, dormir, ciertas horas de tiempo libre para el disfrute (milimetradas). Otros con muchas horas libres, un nivel de adquisición altísimo, ocio que acampa a sus anchas y deseo de satisfacerse.

Lo único claro son los años de vida, el tiempo que como mucho nos quedará y como muy poco es ya. El tiempo que usamos para construir con otro y pasará a construir con otros, de dos identidades a una red de contactos sentimental, de creer que conoces a todos a -al menos para mí-, tener poco tiempo para conocerte. El breve tiempo que hace pasar sin pena ni gloria por las vidas. El tiempo que nos llega a nosotras, que desde pequeñas hablamos de nuestros sentimientos en los patios del colegio y ahora ayudamos a ellos a que lo hagan. Horas de intentar hacerles comprender que no pasa nada por fracasar, que no se avergüencen por llorar, que te cuenten qué pasa.  Más tiempo y más energías puestas en ellos, cuidando, sintiéndonos responsables. Con el deseo de ser guapas, de no ser al menos feas o mediocres, porque sin seducción nuestra identidad se deshace. Sin amar y que nos amen apenas somos existentes. Con miedo siempre a que otra sea más, luchando porque la sororidad sea algo real y no un corto epígrafe de solidaridad. Luchando cada día por un espacio y ahora también en el amor.

El poliamor no hace más que aceptar los mantras del capitalismo, podemos consumir parte del otro, sin sentirnos responsables, y de la posmodernidad, todo deseo está bien. Consumamos afectividad y deseo, sin más compromiso que firmar un contrato.

– José Saturnino Martínez García en Eldiario.es

En el coloquio aprendí mucho de otras formas de relacionarse. Tuve que enfrentarme a por qué amo como amo, incluso tuve que tratar de justificar mi comodidad. Que por supuesto no es tan cómoda, combato con inseguridades. Como cada hijo de vecino. Tuve y tengo que seguir formándome, mis opiniones están naciendo. Pero sé que no tengo tiempo para leerme todos los libros que quisiera, ver las películas que deseara, seguir al día las series que me gustaría. Tal y como soy yo, no tendría tiempo para cuidar bien a varias parejas, ese espacio lo ocupan mis amigos, mi familia y yo. Antes de una hilera de posibles romances vamos nosotros. Y la querida estabilidad encabeza la fila como la más importante.

NOTA FINAL: He sido abogada del diablo por el deseo de debatir desde el respeto, sabiendo que cada persona se relaciona, gestiona desde la libertad, utilizando sus inteligencias emocionales y sus recursos. Mi planteamiento ha sido cis y heterosexual porque es el que conozco. Lo que deseo es escuchar más voces, estoy dispuesta a entender cada visión. Quería poner en la mesa dos caras de la moneda.

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