Consentimiento en Moncloa: viñetas, pornografía y Cersei Lannister

“¿Un silencio es un no? ¿De verdad van diciendo ustedes sí, sí, sí hasta el final?” preguntó Cayetana Álvarez de Toledo durante el debate a seis. La representante del PP se refería a qué medidas concretas se podrían tomar, considerando que el feminismo actual enfrenta a la mujer y al hombre.

En la emisión con motivo del 28A, las palabras se iban acalorando por varios motivos. En primer lugar, por esa decisión: utilizar segundos del breve tiempo del que disponían para preguntar de manera personal y romper una lanza por lo políticamente incorrecto. También por el resultado: una expresión fácilmente tergiversable. Finalmente por el objetivo de llamar la atención; acercarse a la osadía, sabiendo las altas cifras del 8M (pese a que su partido y Vox se posicionaron contra la huelga). La ligereza con la que se expresó acabó socavado algunos mensajes.

Un silencio no es solo ausencia de ruido. En ocasiones es una mirada de desprecio, vergüenza, un abuso de poder de alguna forma. No se trata de sobreproteger, se trata de aprender a luchar contra lo que la educación afectivo-sexual nos ha inculcado sin apenas percatarnos. Para eso, la ingeniera creativa @Kare_ninja hizo una serie de dibujos explicativos publicados en Vice (“Cuando “sí” quiere decir “no”: Hablemos de consentimiento sexual”). En ellos, se recoge que es una decisión libre, mutua y consciente pero muchas veces la mujer se encuentra incapaz de decir que no.

 

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Imagen extraída de Vice

 

Por una parte, el miedo a no estar a la altura, a los apelativos que pudiera recibir por cambiar de opinión; por el desconocimiento del propio deseo, la falta de educación, la cultura machista, la pornografía. Todo está íntimamente relacionado, con colectivos más vulnerables y altamente manipulables. Volviendo a la pornografía, influye sobretodo a la adolescencia -como recogía en un reportaje El País Semanal-, pero también a los adultos. Los hombres la consumen en un 71%, las mujeres en el 29% restante y fundamentalmente vídeos de contenido lésbico. Los sexólogos defienden que si no se educa desde los primero años con naturalidad, se continuará buscando información dentro de esta industria y por lo tanto, se seguirán estandarizando escenas de ficción.

Pero incluso en la ficción se normaliza el abuso. La tan reconocida serie Juego de Tronos ha batido su récord de audiencia con el estreno de la última temporada. La fantasía de la trama con hilos narrativos que enganchan, van fundiéndose con escenas de maltrato general y concretamente hacia la mujer. Se perpetua lo que siempre se ha proyectado en la gran y pequeña pantalla. Productos de consumo para hombres: varias prostitutas con un solo chico, juegos eróticos para que ellos disfruten, pasar de puntillas por el deseo femenino con un par de personajes secundarios bisexuales y un estriptis a Daenerys. Sobre este tema, cabe destacar que los desnudos masculinos son en escenas de sexo consentido y los desnudos femeninos son arbitrarios. El único desnudo no sexualizado es el que se desarrolla en el paseo de la vergüenza, donde se muestra la vulnerabilidad del cuerpo sin mercantilizarlo.

Inspirado en la Edad Media pero con dragones y zombis, Juego de Tronos muestra numerosas violaciones: a Daenerys, a Sansa e incluso a Cersei. Esta última se pasa por alto: Jamie Lannister la obliga a mantener relaciones sexuales frente al cadáver del hijo de ambos. Ella sigue su vida y para la audiencia él sigue siendo uno de los personajes favoritos. Esta violación se realiza dentro de una relación de amor. Ella lo empuja llorando, le pide que se quite. Si no entendemos los gritos de Cersei, ¿cómo vamos a comprender el silencio de otras mujeres?

 

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Cersei y Jamie Lannister en Juego de Tronos

 

Lo que se le pide al hombre no es que sea adivino, es que sea consciente. Se le pide que se preocupe y pregunte. Del mismo modo que nosotras nos preocupamos por volver a casa acompañadas o por no dejar que nuestra amiga haga una tontería con el que acaba de conocer en el bar. Se le pide además a la sociedad que no nos culpe si nos quedamos en shock y no alcanzamos a gritar, o no somos capaces de entender lo qué ocurre in situ. Nos han programado así a todos y solo todos podemos cambiarlo.

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